miércoles, 11 de noviembre de 2009

CONCLUCIONES DEL SEMINARIO DE CONFLUENCIA RADICAL EN VILLA CARLOS PAZ

REFORMA POLÍTICA

La Unión Cívica Radical nació de la defensa irrestricta de la República y la democracia, y esa será siempre su lucha primordial. Ante cada señal de debilitamiento o avasallamiento de las instituciones republicanas el radicalismo ha sabido llevar adelante posicionamientos y conductas tendientes a contribuir con su fortalecimiento. Por eso estamos convencidos que si bien es necesaria una reforma política, ésta debe hacerse tomando dichos pilares como sustento ineludible de todo proyecto.
En primer lugar debe tratarse de una reforma profunda, que exceda un mero cambio en el sistema electoral y que introduzca valores que mejoren la calidad institucional. Incurriríamos en un imperdonable populismo si pensáramos que sólo el aumento en la participación del elector al momento de elaborar las listas electivas bastaría para sanear el sistema y otorgarle mayor calidad.
La democracia requiere para su fortalecimiento reglas de juego claras y condiciones previas, concomitantes y posteriores al proceso de selección de candidatos.
Debe ser proyectada con un criterio arquitectónico y no coyuntural. No podrán cumplirse jamás los objetivos inherentes a tal reforma si es puesta al servicio de intereses o necesidades particulares.
El radicalismo, como férreo defensor de los principios republicanos, siempre se opondrá a las condiciones de dominación, y con más razón a aquellas creadas desde el poder.
La reforma debe además afianzar el sistema de partidos políticos como concepto inherente a la democracia. Para ello es preciso por un lado procurar modificaciones en el interior de las organizaciones que permitan el recambio y circulación de las élites dirigenciales como así también un mayor dinamismo en las estructuras; y por otro lado la necesidad de lograr acuerdos cooperativos entre las fuerzas políticas, todo lo cual tendrá como consecuencia la evolución que nuestro sistema está demandando. De lo contrario, seguiremos profundizando el escepticismo de la sociedad que es la causa principal de toda crisis de representatividad, y dilapidando la confianza pública de nuestras bases, entendida como una forma de capital social.
Aspectos tales como el financiamiento de las campañas y la publicidad electoral son igualmente trascendentales, sobre todo por ser aquellos donde tienen mayor influencia los principios éticos que son banderas irrenunciables del radicalismo. Creemos que es indispensable la regulación de estos aspectos en todas sus variantes, para no dejar lagunas que puedan dar lugar a interpretaciones arbitrarias. A modo de ejemplo, se advierte en el proyecto oficial una omisión respecto de la propaganda institucional que implica la difusión de obras y actividades gubernamentales.
Proponemos el consenso como mecanismo indispensable para cumplir dichos objetivos. Se deben convocar al debate a todos los actores involucrados, no sólo para dotar al proyecto de mayor legitimidad sino para lograr la mejor conjugación de los aportes académicos con la praxis política. Y si bien resulta de gran utilidad analizar las experiencias comparadas, no se debe recurrir a transplantes legales que siempre han tenido resultados negativos, sino pensar en un sistema propio que responda a nuestra idiosincrasia y que a la vez enriquezca la cultura política de nuestro país.
Sin dudas que el mejoramiento del sistema político se nos presenta como un imperativo democrático. Pero pretendemos llevarlo a cabo con la mesura y la coherencia que requiere semejante desafío, y por qué no con la utopía de que sea este sistema el que transfiera a la sociedad los valores cívicos, los principios éticos y las virtudes políticas que desde ella se reclaman.

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