En los últimos días asistimos una ríspida polémica llevada adelante por dirigentes de nuestro partido en éste espacio democrático de opinión que ha revolucionado la tecnología de las comunicaciones. Las redes sociales se han convertido en una especie de comité virtual, donde desde la horizontalidad, se ponen en discusión temas de agenda partidaria. Bienvenido sea.Indudablemente el lanzamiento de un espacio político nacional de la Unión Cívica Radical no iba a pasar desapercibido.
No era difícil imaginar la ringlera innumerable de argumentaciones críticas y comentarios laudatorios, replicas y contrarréplicas, respuestas y postdatas.
Era de preveer que en este comité virtual, la grafía argumentativa de los exegetas de esta incipiente construcción colectiva se inundara de alusiones al procerato político de la Unión Cívica Radical.
No podía desconocerse que en medio de ese remolino replicante se filtrarían afrentas solapadas a quienes ocupaban espacios de responsabilidad política dentro de sus filas.
Por supuesto tampoco iban a faltar las fotos ilustradas de algarabía de quienes asistían a San Juan convencidos de participar de un evento memorable y su crónica descriptiva a cerca del compromiso con el espacio político nacional en ciernes, parido desde las entrañas de la Juventud Radical.
De repente la discusión virtual tomo un tono un tanto preocupante. Del ámbito de las ideas se descendio abruptamente a una rencilla cenagal sin escalas, agravada por un nivel de intolerancia agraviante para una organización democrática.
Quienes sentados en el umbral del sectarismo semonean iracundos acerca de la constitución de un espacio político nacional dentro de la Unión Cívica Radical, no podran dejar de reconocer que éste movimiento político comenzó a gestarse en la vida interna del Radicalismo en uno de los momentos mas duros de la vida institucional de nuestro país y quizás en el trance mas difícil de la historia de la Unión Cívica Radical.
Podria recordárseles que hubo Jóvenes Radicales que vieron caer bajo la fuerza de las armas los Gobiernos Radicales el 6 de Septiembre de 1930 o el 28 de julio de 1966. Que hubo Jóvenes Radicales que sufrieron la salida anticipada del gobierno el 8 de Julio de 1989 por obra de un golpe de mercado urdido en complicidad por el poder financiero, las corporaciones económicas, la sociedad rural, la burocracia sindical, las usinas del pensamiento reaccionario, militares carapintadas y la ortodoxia justicialista.
Que en los Jóvenes de 1930, en los de 1966 como en los de 1989 había un elemento distintivo que los alentaba a seguir en la lucha.
El ejemplo del Gobierno derrocado al que el tiempo y los hechos acompañaban en su merecida su reivindicación histórica. Cada uno de esos Gobierno Radicales, orgullo para las generaciones futuras, habían sido derrocados por llevar adelante un programa político radical.
Se los condenaba y se conspiraba contra ellos por ser el reflejo del compromiso adquirido con el pueblo argentino en las urnas. Recordar que a diferencia de los Jóvenes de 1930, de 1966 o de 1989; los Jóvenes del 2001 carecían de referencia respecto del gobierno retirado.
Habrá que admitir que muchos Jóvenes Radicales compartían la crítica que desde los sectores populares se hacían sobre la marcha de un gobierno, que luego de haber aplicado el recetario neoliberal había ascendido al rango de salvador de la economía nacional a su enemigo declarado.
Una generación de Jóvenes vivió la pesadilla de ser el partido de un gobierno que termino con una violenta represión en Plaza de Mayo.
Un gobierno donde lo que estaba ausente era la Política. Un gobierno que a días de su caída recibió de un Plenario Nacional del Partido desarrollado en Villa Giardino la exigencia un cambio de rumbo urgente, a la que hizo oídos sordos. Los Jóvenes que fueron a San Juan son oriundos de aquella experiencia traumática del 2001.
Son los que vivieron el paso del partido al ostracismo político.
Son los que veían como algunos de sus correligionarios se daban a la fuga dejando el Partido a la intemperie.
Son los que aprendieron a militar en la adversidad. Son los que apostaron a la política cuando ésta era amenazada por cacerolas y consignas fascistas. Son los que nunca se permitieron ni siquiera imaginar una aventura por fuera de las estructuras partidarias.
Son parte de la generación que reivindico el sistema de partidos ante la cooptación de dirigentes que se ejercía desde la transversalidad, en busca de perpetuar un proyecto hegemónico. Son los que bancaron al candidato del Partido en 2003 orgullosos de ser Radicales.
Cuando el 5º piso de Alsina 1786 era tierra arrasada, un grupo de aquellos jóvenes instalo allí su campamento federal. Detrás de las banderas sin viento, detrás de los paraguas sin lluvia, como diría Nilo Neder, un racimo de jóvenes decididos a quedarse y resistir hicieron del último piso del Comité Nacional un campo de refugiados, comprometidos en la colosal tarea de reconstruir una organización que había escrito paginas gloriosas en la vida de este país.
Un puñado de militantes enfrentados al desafío histórico de recuperar la identidad partidaria y reconquistar una herramienta formidable de transformación social puesta en favor de las grandes mayorías, con vocación de poder y esencia progresista y republicana basada en los principios que le dieron origen.
Una legión de jóvenes en lucha por evitar que se escribiera el obituario del Partido. Seguramente muchos errores se sucedieron en este proceso.
Pero esto no puede dar lugar, de ninguna manera, al agravio personal ni a las acusaciones publicas sustentadas en corrillos de comité. Habrá visiones encontradas sobre las causas que dieron origen a este movimiento político nacional de radicalismo que días atrás en San Juan hizo su presentación en sociedad, sobre las circunstancias partidarias en la que se dio su desarrollo y evolución o respecto de sus objetivos políticos.
Inclusive un saludable un análisis crítico de sus documentos posteriores y sus posiciones políticas dentro de la Unión Cívica Radical.
Y esta bien que así sea, pues el transcurso dialéctico de la discusión impondrá necesariamente maduración en el proceso político. A partir de aquí entonces necesariamente habrá que empezar a discutir la renovación política de la Unión Cívica Radical desde la democracia participativa, donde todos y cada uno de los militantes puedan y deben participar horizontalmente de los procesos colectivos de toma de decisiones partidarias, evitando la burocratización que llevara a nuestro partido a largos años de desmovilización, escepticismo y anomia.
Esto requiere de convicción, valentía y compromiso.Para avanzar en la discusión será importante acordar que la unidad partidaria es el predicado de la lucha política.
Unidad que no significa uniformidad ni subordinación.
Unidad que importa buscar el consenso desde el disenso en las ideas. Unidad inalcanzable si se fogonean impugnaciones personales. Hace de una organización democrática el derecho y la obligación de pedir la palabra, de expresar opiniones, puntos de vista o posiciones críticas con total libertad cívica y responsabilidad militante.
Pero ello no implica perder de vista que exponer públicamente pequeñas batallas domesticas solo puede generar un efecto retardatario en la tarea de modernizar el partido. Y este, sin duda, debe ser un objetivo central.
Estimular la modernización partidaria no implica dejar de lado el carácter nacional y popular de nuestra organización. Para avanzar habrá que dar batalla a las oligarquías partidarias que entumecidas por la nostalgia o apremiadas por el vértigo de los cambios de escenario, despliegan tácticas de acumulación política de corto alcance que diluyan la vocación de mayoría del partido. Solo el consenso otorga claridad en las decisiones colectivas.
La progenie de esa inagotable cantera popular que es La Juventud Radical tiene la responsabilidad histórica de ser protagonistas de la modernización de nuestras estructuras partidarias.
La Republica Argentina no requiere dirigentes providenciales. Necesita partidos políticos fortalecidos en su democracia interna, con debate de ideas y formulación programática de sus propuestas hacia la sociedad.
Nuestro país no soporta un nuevo periodo de improvisación gubernamental. La gobernabilidad se asegura con previsibilidad y esto solo lo puede legitimar una organización puesta al servicio de un programa político.
Para eso hace falta ajustar el partido a los tiempos que corren y a las nuevas demandas que la realidad le plantea a la política.
Por lo expuesto se entiende que desaprovechar espacios de discusión, convirtiendo en espectadores involuntarios de disputas ajenas a quienes pretenden debatir el presente y el construir el futuro del partido, es por lo menos un acto petulancia.
Seria prudente entonces evitar la elocuencia de lo evidente. Es hora de pensar el partido.
Dejar de lado antiguos rencores y falsas antinomias. Ha llegado el momento de buscar denominadores comunes, que sobre la base del dialogo y el consenso, alumbren la construcción de una verdadera alternativa socialdemócrata para la Republica Argentina.
Lo demás…lo demás es puro cuento.
Rodrigo López Tais. Córdoba, 24 de agosto de 2009.-

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